Científicos hallan en las pitones un supresor del apetito que podría convertirse en un nuevo fármaco para adelgazar
Las
largos periodos de ayuno seguidos de ingestas masivas
, y los científicos han encontrado en ese metabolismo algunas
que pueden ser muy relevantes para la investigación biomédica y en especial para la
A diferencia de los humanos, que comen pequeñas cantidades varias veces al día,
estas serpientes pueden ingerir presas equivalentes a casi todo su peso corporal y luego pasar meses sin volver a alimentarse
, un comportamiento que provoca cambios fisiológicos drásticos.
Después de comer, sus órganos pueden aumentar de tamaño más de un 50 por ciento, su gasto energético se incrementa notablemente y ciertos tipos celulares, como las células beta del páncreas, se multiplican rápidamente.
Investigadores de las universidades estadounidenses Stanford Medicine, Colorado Boulder y Baylor descubrieron un
compuesto supresor del apetito (un metabolito) en la sangre de las pitones
que ayuda a estas serpientes a consumir enormes cantidades de comida y a pasar meses sin comer, manteniendo al mismo tiempo una buena salud metabólica; hoy publican los resultados de su trabajo en la revista Nature.
Los científicos comprobaron que ese metabolito, que aumenta mil veces en las pitones después de una comida abundante, provoca que los ratones de laboratorio obesos rechacen sus bolitas de comida y pierdan peso,
imitando de esa manera el efecto de fármacos como la semaglutida
(que se comercializan como Ozempic o Wegovy).
para saber si ese metabolito se puede convertir en un nuevo fármaco para adelgazar en humanos
, pero el estudio sí refuerza la importancia de investigar los extremos en el reino animal, y en ese ámbito los reptiles han aportado a la humanidad fármacos con una gran relevancia clínica.
Por ejemplo el veneno de serpiente está repleto de compuestos biológicamente activos que se han utilizado para elaborar medicamentos para la presión arterial y anticoagulantes, y la semaglutida surgió del descubrimiento de una hormona en un lagarto venenoso (el "monstruo de Gila") que regula los niveles de azúcar en sangre.
Un supresor del apetito sin efectos secundarios
Las pitones, que no son animales de laboratorio comunes, pueden llegar a pesar hasta 90 kilos y vivir más de 20 años en estado salvaje, muy lejos de ser ratones de laboratorio, pero su drástica respuesta fisiológica a comidas abundantes y repentinas ha llamado la atención de los investigadores.
Horas después de comer, los órganos de las pitones, incluido el corazón, comienzan a aumentar de tamaño en un 50 por ciento o más; sus necesidades energéticas aumentan en más de un 40 por ciento y las células que normalmente no se dividen, como las células beta productoras de insulina en el páncreas, se multiplican de una forma exponencial.
El metabolito que centró la atención de los investigadores
-muy poco estudiado en humanos y que se conoce principalmente como una molécula excretada en la orina-
fue administrado a ratones de laboratorio
en niveles similares a los que habían observado en las pitones después de comer, y no vieron ningún efecto sobre el gasto energético, la proliferación de células beta ni el tamaño de los órganos, pero sí que
estaba regulando el apetito y los hábitos alimenticios
los ratones obesos tratados con él comían significativamente menos
que los ratones de control y, tras 28 días habían perdido el 9 por ciento de su peso corporal, sin haber modificado ni la ingesta de agua, ni el gasto energético ni la actividad física durante el tratamiento.
Aunque lejos todavía de una hipotética traslación clínica, los científicos sí han apuntado que
la investigación podría servir de base para nuevas terapias de pérdida de peso que promuevan la saciedad
sin las náuseas y la pérdida muscular que pueden provocar los fármacos existentes, ya que se trata de un supresor del apetito que ha demostrado eficacia en el laboratorio (en ratones) sin mostrar los efectos secundarios.