La foto no sólo dice, decide
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La foto no sólo dice, decide

En las últimas semanas, dos fotografías han captado la atención en el ámbito internacional. La primera muestra a Lula da Silva durante su visita a Donald Trump en Washington DC, y la segunda retrata su encuentro con Xi Jinping en Beijing. En ambas imágenes, se pueden observar más de veinte negociadores, todos hombres. Esta situación ha sido señalada por Cristina Vio, de ComunidadMujer, quien advierte que estas instantáneas reflejan quiénes toman decisiones y quiénes quedan excluidos. Su análisis sobre la "tubería con fugas" en el liderazgo corporativo, donde las mujeres se pierden en cada escalón, es un diagnóstico acertado.

El problema se agrava en el ámbito de la política exterior, ya que quienes ocupan estas mesas no solo toman decisiones, sino que también establecen las reglas del sistema. La arquitectura del derecho internacional contemporáneo, que incluye la creación de las Naciones Unidas en 1945, la OEA en 1948 y la Convención de Viena en 1969, fue diseñada en espacios predominantemente masculinos del Norte global. Las realidades que no se consideraron en esos momentos, como el trabajo de cuidados, la participación de las mujeres en decisiones de paz y seguridad, y la violencia sexual en conflictos, no fueron incluidas en las normas vigentes porque no había voces femeninas que las nombraran.

La finlandesa Immi Tallgren, en su obra "Portraits of Women in International Law: New Names and Forgotten Faces?", busca reponer a las mujeres que contribuyeron a la construcción del derecho internacional contemporáneo, pero que han sido excluidas de la narrativa oficial. Sus historias son significativas: Bertha Lutz, de Brasil, luchó para que la palabra "mujeres" apareciera en la Carta de la ONU, mientras que Minerva Bernardino, de República Dominicana, abogó por la igualdad como un principio fundamental. La lección que se desprende de esto es clara: cuando solo cuatro mujeres firman la Carta entre 850 delegados, lo que se incluye en la agenda depende de lo que ellas logren nombrar y promover. Aquello que no se menciona, queda fuera.

Las dos fotografías mencionadas subrayan una realidad evidente: a medida que se rediseña el orden global en áreas como tecnología, comercio y conflictos regionales, los temas pueden cambiar, pero los actores en la conversación permanecen casi inalterados, excluyendo la perspectiva femenina. No se trata solo de incluir a mujeres en la mesa por una cuestión de representación, sino de reconocer quién define los problemas que se discuten y cuáles se ignoran. La ausencia de mujeres en estos espacios de decisión implica que muchas definiciones y reglas futuras, especialmente en temas como inteligencia artificial y gobernanza digital, se seguirán elaborando sin considerar a la mitad de la humanidad. La candidatura de una mujer a la Secretaría General de Naciones Unidas, como la de Michelle Bachelet, no es un asunto superficial; tiene el potencial de cambiar quiénes están habilitados para formular preguntas cruciales en el ámbito internacional.

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